Tierra sin Nombre.
Cultura popular, relaciones de género y conceptos tradicionales de justicia.

Vivencia y análisis en la canción ranchera

 

Dos enfoques antropológicos sobre la violencia - Menno Oostra (LASO)

Presentado en el Curso Especial “Aplicación de la Perspectiva de Género a la Justicia Penal”

ICCPG, Guatemala. Marzo 2008

 

Introducción: Por qué este tema y enfoque:

Qué tiene que ver Cultura popular con Justicia penal y género? La Justicia penal es una ciencia formal. Un asesinato, una violación u otra acción – al definirse como delito - constituye, desde el momento en que se materializa, el objeto de la Justicia penal. Esta es la disciplina que tipifica el delito y lo penaliza de acuerdo con su mayor o menor gravedad. También define sus actores como categoría social (delincuente, culpable, reo, prisionero; víctima, testigo, policía, jueces...) cada uno con sus obligaciones y derechos. Finalmente, la Justicia penal declara cuándo ese acto infame está superado socialmente: cuando el autor haya “pagado” con la libertad, con una multa, con la deshonra pública, o cualquier otra sanción, hasta con la vida misma (en caso de pena de muerte). El delito también puede quedar prescrito, y su autor exonerado, inmunizado, puede haber falta de pruebas, o se le concede gracia. De una u otra manera, el desorden social causado por el delito es compensado, y se restablece el equilibrio. Se cierran las cuentas. Tal es el modelo formal.

En cambio, las razones que llevaron a los hechos, las circunstancias precisas en que ocurren esas acciones, llamadas delitos, y las respuestas de la gente sobre de ellas, forman parte de un ámbito mucho más amplio, el de la cultura popular, sea como sea que ésta se defina. El análisis socio-cultural de los detalles y los motivos – los “adornos” - permite reconstruir la experiencia, el pensamiento, las causas y consecuencias para los implicados, no solo el autor o la víctima del delito, sino aquellos alrededor: testigos, instigadores, familiares, amigos. En cada caso hay un drama, una película a color, con sonidos y olores, allí donde las actas judiciales solo pueden ver en blanco y negro.

Existe en la cultura popular, o tradicional de cada país, un sistema de conceptos que señalan las acciones a tomar, las ordenan y justifican aún cuando el sistema jurídico formal diga de otra manera. Esos conceptos derivan de los mitos y los roles esenciales, las justificaciones o las obligaciones: el deber y el honor.

La justicia formal, aunque se considera ser la dominante en la sociedad, sólo abarca y llega a un escaso porcentaje de los casos de sangre. Según cifras que Vds. mismos conocen, solo una pequeña parte de los homicidios (algunos dicen que el 10 %) llegan a ser juzgados. El resto queda ... en donde? en impunidad? en silencio y miedo? en justicia del pueblo, en linchamientos? Y cuáles reglas, cuáles códigos gobiernan entonces esas maneras de juzgar, condenar y castigar? Cuáles son, en la población adonde no llega la justicia, las razones justificadas para jurar, matar o matarse, vengar, poseer, etc?

 

La música popular: Rancheras y corridos

Es en la música popular donde encontramos una expresión muy amplia de esos conceptos. Vamos a analizar hoy un género musical, el de las rancheras y corridos mexicanos, que son populares no solo en ese país sino en toda América Central y el Caribe.

Sabemos que es una música representativa, en virtud de su misma popularidad. Las canciones populares, las oye el “pueblo” en su vida diaria, reflejan la vida en la casa, en la calle, en la fiesta y la cantina, en los buses, los cuarteles y las salas de espera de los hospitales. Es música que se identifica con el público, y viceversa.

La música popular lleva funciones sociales e históricas. En una sociedad frecuentemente analfabeta, forman el registro de hechos famosos, llamativos, crónica. Cantan los episodios más llamativos, dramáticos y decisivos en la vida de sus personajes; historias que se quieren registrar y guardar. El “Corrido” es un “recorrido” de alguien.

En otras palabras, son historias de casos, individuales y protagónicos. Localizan, dan nombres. Siempre van en primera, segunda o tercera persona singular. Por eso son ricas en detalles precisos, en frases ilustrativas y gráficas. Al describir, en pocas palabras reemplazan la fotografía policial o periodística.

Con mucha frecuencia, sus temas narran casos de sangre, que se motivan en las relaciones entre hombres y mujeres. Razón para despertar nuestro interés dentro de un curso de Género y Justicia Penal.

 

Forma musical

Las rancheras y corridos son canciones escritas en códigos musicales sencillos y predecibles, accesibles a grandes poblaciones. Se construyen en secuencias rítmicas en grupos de cuatro, seis u ocho frases. Es una rítmica típica del idioma español, que hace uso expreso de las posibilidades retóricas para acentuar los significados.

Manejan un lenguaje sencillo, identificable y memorizable, con un frecuente uso de códigos semánticos condensados: Refranes, maneras de decir y creencias populares. Por ser tan conocidos del público, los textos llevan ya su carga no solo informativa sino valorativa. Son códigos culturalmente interactivos; que presuponen la identificación socio-cultural del auditorio. En otras palabras, una complicidad entre el cantante y el público para valorar los hechos.

Los textos y melodías sencillas y sus efectos dramáticos, facilita su memorización y así, la reproducción del mensaje. Y los corridos son accesibles también a la permanente variación textual. Son flexibles, de fácil re-interpretación. La mera sustitución de unas pocas palabras o sílabas, puede añadir nuevas significados, más aún cuando el público ya conoce la versión anterior.

 

Contextos y valoración social

Ahora veamos el contexto de ejecución de las rancheras. Cuándo y dónde se oyen? Quién las oye, y haciendo qué? Con qué las asociamos y cómo las valoramos?

La música ranchera, como otros géneros de música popular en América Latina, es un canon de baja estima social, con frecuencia despreciado por la gente “culta” y educada, por las élites. Por lo menos, públicamente. Las canta el pueblo en las cantinas de pueblo, en las galleras, la gente que monta en bus. Así, están emparentadas a otras músicas populares y poco pretenciosas en América, como los valses andinos.

Por otro lado, la música ranchera es muy poco conocida en Europa, no se ha difundido como otros géneros musicales latinoamericanos (la trova y la nueva canción, la salsa, el tango).

Pero es una tradición musical viva en el pueblo. Muchas veces los corridos se componen a la medida, narrando sucesos actuales o en homenaje o memoria de personajes determinados. Y esto se sigue haciendo hoy en día: se hacen inclusive a pedido.

Ahora, desde hace unos 100 años, los medios técnicos de reproducción van dando nuevas dimensiones a esta tradición popular: fonógrafo, la radio, los discos, el cine, hasta el CD y el DVD y el internet de hoy. La tecnología permite, al mismo tiempo, difundir ampliamente, como también estandarizar y controlar formas y contenidos por parte de las empresas disqueras y el Estado. La figura del artista individual toma renombre mucho mayor, hay más diferenciación entre los grandes nombres y los desconocidos.

Pero aún existe el juglar pobre y anónimo, tratando de enlazar la guitarra y su palabra campesina en busca de crear el corrido que “pegue”, el que mejor responda a lo que la gente, pobre y anónima ha vivido y quiere oir.

 

Estilos y épocas

Los corridos no expresan una sola imagen cultural; el género musical es muy amplio y refleja diferentes épocas históricas respondiendo a distintos procesos políticos y culturales en la sociedad. La creación de nuevos corridos sigue la dinámica social, mejicana y de otros países de América Latina.

Por su forma y algunos de sus temas, sabemos que los corridos se originaron durante la Colonia y el siglo XIX, evolucionando a partir de los romances españoles. Para algunas canciones (por ejemplo la famosa Martina) se ha podido rastrear su parentesco con romanzas que vienen de la Edad Media, de la época del Cid Campeador.

El corrido tradicional expresa la vida rural, de las haciendas (de ahi su nombre de música ranchera) y los valores patriarcales correspondientes. Son relaciones feudales, donde el patrón es la única ley y el único dueño de las tierras, los caballos, los hombres y las mujeres.

La gran tormenta social de la Revolución Mexicana impactó sobre esa sociedad, sobre la cultura, el arte y también la música popular. Las batallas de Pancho Villa, de Zapata y sus huestes, exigían de esos “noticieros” para cantarle a tantos héroes, tantas batallas y actos de valor; sentar reputaciones o dañarlas; pues en los corridos, hasta los infames podían volverse héroes.

Pues esos corridos, por lo menos los que más se escuchan hasta hoy, tratan la Revolución Mexicana de un modo despolitizado. Prevalece la narración de aventuras de heroísmo personal. El motivo político no desaparece, pero queda implícito, no se nombra - a excepción de algunos como “Juan sin Tierra”.

Las rancheras románticas, se han desde entonces “urbanizado” y tienden a interpretar las relaciones sentimentales en términos puramente personales, separadas de un contexto social, sea tradicional o no. Se mantienen los temas referentes al mundo rural tradicional, porque después de la Revolución, el latifundismo y el caudillismo se restablecieron en las zonas rurales.

En cambio, una nueva época de activismo político y de guerrillas de izquierda, en los años 60 dio lugar a corridos revolucionarios que plantean explícitamente la lucha de clases (Lucio Cabañas). Los corridos de la migración, (desde los 80) igualmente tratan de manera clara los aspectos sociales, emocionales y políticos de la vida del migrante: el desarraigo, la ilegalidad, la exclusión social, la discriminación. Finalmente tenemos los famosos narco-corridos – publicitados como los Corridos Prohibidos porque tratan de temas prohibidos: el narcotráfico presentado como una nueva guerra contra el Estado.

Aquí, en la selección que estamos tratando, no vamos a tratar de todos los corridos. Por ejemplo, dejamos por fuera los corridos de las dos generaciones revolucionarias - la de los años 10 y 20, y de los 60 y 70. Estos hablan más de justicia social que penal.

Al contrario, de acuerdo al tema central del Curso, vamos a resaltar aquellos casos de crímenes (violaciones a la ley), que guarden relación con las relaciones entre hombres y mujeres en la sociedad. Escuchamos Canciones que tienen que ver con el tema, Derecho penal, y con las relaciones de género.

 

Elementos temáticos: Aspecto de contenido

Se trata de investigar las relaciones existentes, en la mentalidad popular, entre las tensiones inherentes a las relaciones personales – como relaciones de género – los papeles de género asignados en ellas, y acciones o causales de relevancia jurídica.

Canciones que mencionan la Ley, hablan de derechos, deudas, delitos, hechos de sangre, muchos duelos y asesinatos, dramatizándolos y exponiendo sus motivos, las causas sociales y los códigos culturales en que ocurren – o sea sus justificaciones. En otras palabras, reflejan el entorno cultural de la violencia, en sectores sociales y países determinados.

Podemos oir muchas, casi todas Vds. las conocen. Son historias de caso, casos de justicia penal. Voy a señalar algunos conceptos clave que se repiten en ellas, y que en conjunto forman todo un código penal de libre interpretación, sentido y efectuado por aquello que llamamos “el pueblo”.

 

La muerte por Celos

La investigación empieza por las muertes por celos, tal vez el caso más frecuente y más controvertido y, al parecer, más significativo tanto en el panorama social, como en el destino de cada persona individual. Parece una contradicción, pero se repite una y otra vez: “La ama pero la mata...”. Es el caso más frecuente del repertorio: matar por celos.

Por qué hay que matar la persona amada antes de que “otro la tenga”? Eso ni se pregunta: se hace, nada más. Es un código no dicho, implícito, superior a la Ley.

Empecemos por una canción muy famosa, que nos da en su lírica muchos elementos claves:
Tierra sin Nombre. El título no más, ya plantea de una vez los límites del sistema de justicia: aquella tierra donde “la ley nada vale ante el cariño de un hombre” / o ante su odio?

El Rebelde, con toda la naturalidad de “lo fui a matar en tus brazos: Sonaron Cuatro balazos: a las 2 de la mañana”. Es la misma naturalidad en Vestido de blanco: “Cuando se entere mi amigo, que primero fuiste mía, me va a buscar p’a matarme”

La cárcel está llena de estos casos. Por ejemplo La cárcel de Sing Sing: “Yo tuve que matar a un ser que quise amar”…. Cómo así tuvo que matarla? Ni lo explica. Ya lo sabemos…
El preso Número 9 también “la tuvo que matar” como el preso anterior. Con la sola justificación que le “ardió el pecho en rencor y no se pudo aguantar.” Lo van a fusilar, pero no se arrepiente: Dios lo absuelve.
El que le pusieron Veinte años: “La mujer que quise me dejó por otro, yo seguí sus pasos y maté a los dos”. Sin más explicación, el oyente no la necesita.

Incluso, extrañamente, el delito pasional puede volverse político. “Yo tuve que huirme al monte, y allí me volví rebelde…” (El Rebelde)

 

Venganzas anunciadas

Esa “Tierra sin nombre” pertenece a la hacienda, el mundo rural, originado en la Colonia y en el latifundio de la República, donde los patrones son los amos de vida y muerte.

Para los que hayan visto la película La muerte de un gallero(clásico de Antonio Aguilar): también esta venganza fue por una mujer, entre dos hombres de distinto rango social: el hacendado le robó la novia a su capataz y lo echó del pueblo.
Corresponde al orden social de la hacienda, rural, feudal

También a Lucio Vásquez lo mataron por la rivalidad por una muchacha. No le valieron los presentimientos de sus padres: Si hubiera hecho caso, no había historia, ni corrido!
El Arracadas: comete otra venganza rural, esta vez por el padre. El juramento es sagrado, la justicia formal no existirá nunca. Pero cuando la venganza queda hecha, la madre queda abandonada...

 

El orden social

En la Tierra sin nombre no hay ley, o solo la Ley del monte. Hay una ausencia de orden jurídico, de garantía alguna. El orden social se reduce a “ricos” y “pobres”. Las Autoridades, los poderosos, los rurales, los militares: son arbitrarios y crueles. A cada homnbre le toca defenderse.

La Ley del monte, tiene sus códigos propios. Un Testimonio grabado en lugar secreto, recuerdo comprometedor de una unión amorosa, tiene validez de ley consuetudinaria. (El maguëy entre otras cosas es un símbolo sexual, simboliza el pene.)
El Coyote: otra muerte por rivalidad. También corrobora la Ley del Monte: el matrimonio de hecho – “ya tiene nombre” (o sea: ya tiene hombre), “Nos casó el Cura del Monte”

En esta tierra, el rico le roba la novia al pobre. Es de los casos más frecuentes en la sociedad y del registro musical. Tiene más dinero, tiene pistolas… (El Tahur, Amigo de qué, etc….)

 

La inversión de la culpa

Matar por celos o por venganza no es causal de culpa. El asesino de Veinte años: “Yo no fui culpable porque estaba loco, loco por los celos, loco por su amor”, aunque sí lo condenaron las leyes de la tierra.

El Rebelde se lo achaca a la mujer: “a ti te debo en la vida estar condenado a muerte”, aunque el que mató fue él. El preso de Sing Sing señala al amante de la mujer: “Por culpa de ese infame moriré”. Pero, quién mató a quién?

 

La propiedad sobre la persona

Se habla de la Posesión, propiedad y los derechos absolutos sobre la otra persona, especialmente del hombre sobre la mujer dentro de la pareja. El concepto de la “Entrega” como una rendición completa de la persona y su vida.
La protagonista de Tierra sin nombre “Se entregó por fin a uno”. Después de entregada, o entregarse, ya no hay vuelta atrás: ya pertenece a su dueño. Solo muerta puede cambiarlo.

La mujer vista como objeto de negociación, o disputa entre hombres, sean enemigos o hasta amigos. Se la pueden jugar, se la pueden ganar op perder. En El Tahur, el perdedor la entrega, pero muerta: mejor matarla que ver que otro la tenga

Martina: se entregó a los 15 años. Aquí se justifica el asesinato de una menor de edad, como la posición de la familia Patriarcal: “La Iglesia ya te la entregó”. La hija es un objeto poseído, del que el hay que salir. Más importante es la relación con el yerno, la familia política.

 

El “honor”

Un motivo muy frecuente para justificar la trágica antagonía de “matar por amor...” y tiene que ver, no solo con la relación entre dos hombres, o sus mujeres, sino con la presencia del público. Lo dice muy claro el Hipólito antes de sacar su pistola: “Rosita No me desaires, la gente lo va a notar” (Rosita Alvirez). Para Raúl Vidal, es mejor matar a su mujer, y morir también antes de quedar mal en una deuda de juego (El Tahur)

 

Una definición esencialista de los géneros

En la cultura popular las Mujeres y los hombres están constituidas de maneras esencialmente diferentes. No solo en aspectos formales, económicos, jurídicos, de derechos, - aunque también – sino en especial, en la dimensión de la relación personal, de la valoración personal, las dependencias afectivas, y también en los códigos aceptados de conducta.

Lo dice muy claro todo el repertorio musical: “Si el mundo es un jardín, Las mujeres son las flores, el hombre es el jardinero que corta de las mejores” (Ya vimos ayer que las Flores son un poderoso símbolo sexual). Y esto es posible porque todos saben: “El hombre no pierde como una mujer”.

 

Androcentrismo: Centralidad de la perspectiva masculina

Con excepciones, las rancheras reproducen unaperspectiva masculina como sujeto de la relación social. La Autoría, el punto de vista del sujeto: “nosotros” vs. “ellas”. Somos nosotros los que “hablamos de ellas”, “no podemos sin ellas”, “morimos por ellas” o “brindamos por ellas”.

Equivale al concepto de muchos hombres, cuando se les preguntó Qué es para ustedes género: Contestan muy positivamente, que “A las mujeres tenemos que darles sus derechos”

 

Pasividad de la mujer:

Por el contrario, la mujer, en la mayoría de los textos, físicamente está inactiva, no se mueve, no habla, no se expresa. La conquistan, o la matan sin preguntarle nada.

la abraza, y mata al rival (El Coyote)
La trajo, pagó con ella, la mató (El Tahur)
La vio y la mató (Los dos hermanos)
Tomó su venganza (Amigo de qué)

Pero no es absoluto; también se invierte; aunque menos veces, también las mujeres aparecen como sujetas de decisión, del honor, la venganza, etc.

 

Modelos Masculinos

El cancionero está lleno de modelos de conducta, sobre todo masculinos. Empezando por la cabeza, tenemos El Rey: modelo que enfatiza la independencia de acción, aun cuando la soledad lo acompaña. Para él, el dinero no vale, por encima de su libertad.

Otra muy famosa, El Hijo del pueblo, plantea la cuestión política del populismo: qué significa “el pueblo”..? Pueblo mejicano, sin dinero, con sus cualidades: sincero, orgulloso, borracho, cantarín. Es la Pobreza feliz...? “Cuántos millonarios quisieran vivir mi vida”. No tiene dinero, pero sí corazón. Es una canción en el fondo muy conformista....

Muchas canciones celebran los modelos enamoradores: Juan Charrasqueado: el que “se creyó de las mujeres consentido”, tenía muchas amigas, y también muchos enemigos. Un domingo, entre todos lo mataron. Y Quién queda atrás, llorando? una mujer y un niño / una de cuántas?

Gabino Barrera: un indio Zapatista del Sur de México. La canción describe muy bien los rasgos personales que lo hacían tan atractivo para las mujeres: “alto y bien dado, muy ancho de espaldas, su rostro mal encachado, de negra mirada, bigote en cuadro”. Así que “las dejaba con hijos por donde quiera” y tenía los mismos enemigos que Juan Charrasqueado: “en los pueblos donde se paseaba, se la tenían sentenciada”. A él tampoco le importaba el dinero, pero vivir La vida. Lo mataron en una emboscada, de noche.

De Altamira a Tamaulipas: Un cantador viajero, puede ser artista, vagabundo, comerciante, aventurero... Anda cortando las flores. Con qué encanta y conquista a las mujeres? Con la alegría y la canción...

La otra cara de esos compañeros alegres la cantan las muchachas madres solteras, y los hijos que quedan a la deriva en una sociedad machista: La hija de Nadie

La cantan también los hombres que quedan de perdedores: los que “No tienen bigote, no traen pistolas, no andan a caballo, sino descalzos…” (Las Botas de charro). Para identificar los atractivos... Gabino Barrera: tampoco tenía botas, pero sí los bigotes!

El Siete de Copas es otro anti-modelo: un tahur y aventurero, como tanto. Se acostó con la Rosa: “Pobre Rosa, quedó deshojada un día”. La deshojó, cuando había prometido que no. Ahora vive amenazado, viaja solo de lugar a lugar: ahora su soledad en dinero. Ya lo reza el dicho: “De buenas en el juego: de malas en el amor”.

 

Modelos femeninos

Los modelos femeninos son menos claros. Se canta mucho de las mujeres, pero poco se aclara su personalidad. Se habla de su belleza como razón de su atractivo fatal: “No hay otro ser que tenga belleza como una mujer… Todas las mujeres ejercen en mi alma un raro poder.” Y “las horas más hermosas de mi vida las he pasado al lado de una dama” (Mujeres Divinas). Pero queda el misterio de su esencia: los hombres lo pronuncian, lo desean, matan o mueren por él, pero nunca lo comprenden.

Aunque se habla de la mujer fatal, como María la Bandida: “Su Pelo sedoso refleja la Muerte, en sus labios rojos hay una mentira…” Su fatalidad está en su atracción y las emociones contrarias que genera, aún sin ser conciente de ello: “No tiene la culpa de ser tan bonita, Las hembras la envidian, la siguen los hombres.” La presentan como una descarriada...

 

El valor de la persona

El cancionero da pautas para medir el valor personal, y la pérdida del valor. Cuanda nada valgas, cuando nada valgamos los dos…. Qué significa “valer”, o ante quién? Cuándo lo tienes? cuándo lo pierdes? Qué es lo que se pierde, exactamente?

El valor de la persona, en gran parte radica en el control de su sexualidad, pero de distinta manera: Hay una doble moral, dobles estandares de conducta. “El hombre no pierde como una mujer” (Se acabó...)
La mujer ha perdido al acostarse con alguien; como en Vestido de novia: “Quítate el traje de blanco ante el altar de la iglesia, que el traje blanco es sagrado y significa pureza…”

Para un hombre, "perder" es que la mujer lo engañe, que esté con otro, o simplemente que alguna vez haya estado con otro.

Las deudas ajenas. Qué significa “lo peor de la vida...” saber que alguien la besó primero?
Querer a alguien, es pagar deudas de otro amor anterior? Cómo se resuelve esto: si este la desprecia también, qué dirá el próximo? Hay salida para ella, en esa lógica?
Amigo de qué: Acostarse con una mujer es cobrar una deuda a un amigo? Por lo menos, esta historia no tiene un desenlace fatal en términos de muertes violentas: hasta donde sabemos, todos tres siguen vivos! Por algo no es corrido sino bolero.

 

El valor de la vida humana

De los conceptos más importantes que hay que analizar, es el valor de la vida: “Comienza siempre llorando, así llorando se acaba: Por eso en este mundo La vida no vale nada” (Camino de Guanajuato). No vale nada la vida, la tuya, la mía, la de mi mujer, de mi vecino, de la mujer del vecino. La vida se puede perder por una palabra, un malentendido. (Llegó borracho el borracho).

 

Glorificación de la Violencia

Hay una glorificación de la violencia, la acción directa, para responder a una situación inmediata. La acción violenta, el valor físico en sí mismo, es sancionado y admirado por todos, empezando por las mismas mujeres: “Qué bonitos son los hombres que se matan pecho a pecho” (Arnulfo y los rurales). Lo canta La hija del Penal, enamorada de un asesino, porque defendió el honor de su hermana: “Y cuando conocí su gesto de valor, juré quererlo con toda mi alma”

La Violencia se muestra como un instrumento para modificar de una vez, drásticamente una situación. Y un escape hacia otro estado, otra condición: sea la muerte, la cárcel, el exilio, lo que sea: “a mil millas de la nada”. Pero toda esta violencia, de diferentes clases, aunque sea dirigida a otras personas, hombres, mujeres, conocidos o no, en el fondo son formas de auto-violencia y auto-destrucción.

 

La Suerte y el Destino

La vida es incierta y no conocemos su desenlace. En ella intervienen el azar, la suerte y el destino, y eso de diferentes maneras. Existe el azar del momento, que puede arrojar una carta, como en la baraja, de modo casual. Pero en el fondo, en el pensamiento popular, la casualidad no existe. La suerte de la persona, o su destino es algo muy poderoso: es lo que ha de pasar, en otras palabras, es lo que falta por vivir, y aun no se sabe.

Esa es la tragedia: tenemos que actuar, pero hagamos lo que hagamos, la suerte es irreductible, y el destino fatal. Esto incluye por igual, la acción violenta, como los resultados judiciales de la misma. Cuando El Rebelde va a matar su amiga infiel, se le embala la pistola: “todavía no te tocaba, o era tu noche de suerte, y por eso mientras yo viva, mi suerte será tu suerte”.

“Por su mala suerte cayó Valentín en manos del gobierno” (Valentín de la Sierra). Caer preso, ser condenado, es una mala suerte. Es algo que puede suceder en la vida de un hombre, pero sólo si el destino lo dicta. No tiene que ver necesariamente con sus actos. Porque, lo mismo cae preso el inocente que escapa el culpable. Así que, la impunidad es el reverso de la “suerte”.

El concepto del “destino” a veces es interpretado como la voluntad de Dios, lo cual en el fondo es lo mismo, porque Dios es soberano, es incomprensible y no se le puede reclamar.

El Destino también es la Fatalidad amorosa, una atracción ineludible e inexplicable; más allá de la razón y la lógica. La pasión del amor: es fatal, sobre todo en la mujer: quien la vive sin prever su tragedia. Lo supo la protagonista de Tierra sin Nombre “Su corazón supo amarlos, porque ese fue su destino”. Lo entiende La hija de Nadie: “Como pocos del mundo se amaron, porque fue su destino y su suerte”.

Lo expresa muy bien la canción Mi destino fue quererte: “Ay que suerte negra y tirana la mía, al haberte encontrado a mi paso… Una mañana fatal de mi vida, el destino te enviara mi suerte a cambiar: Al instante sentí que tu imagen querida ya jamás de mi mente se habría de borrar…”

La suerte en la baraja puede transformar el pobre en rico, invertir la relación de poder. Pero aunque gana en el juego, pierde su alma. El concepto de “la suerte” no está en el resultado casual de un juego de azar, sino en “el destino”, en la fatalidad que llevó al sujeto a ser errante e infeliz; y a raíz de eso, en su moral engañosa. (El Siete de Copas, El Tahur)

 

Dramatización y ritualización

La muerte - el “asesinato de género” - está rodeado de rituales y teatralidad. Se rodean de acciones, actos simbólicos e intercambios, debidamente codificados y reglamentados por la costumbre o el “honor”.
La muerte fatal, la violencia de género, debe ser teatralizada:

Hay Representación, escenografía y coreografía.

 “Lo fui a matar en tus brazos”
“P’a que vestida de blanco entre sus brazos muriera”

El asesinato, el hecho y la manera de matar, más que la simple muerte, es un mensaje para el mismo muerto/a – cuya alma seguirá expiando – y para los demás.

Un ritual que precede a la violencia, es: la bebida en el espacio androcéntrico de la cantina.
El ritual de la cantina, permeado / conformado por el alcohol, el entorno, la música, los roles de género adentro de ese espacio, donde sólo hay mujeres y hombres, lo mismo que afuera
Ritual que invierte los valores, sentimientos y significados.
“Hasta convertir en odio todo el amor que sentía...”
Hasta llegar a permitir, justificar y aun exigir lo imperdonable: un asesinato, una violencia

Ritual además que genera su propia cuota de sangre, porque el espacio de la cantina, donde la vida no vale nada, te la juegas por lo que sea, con el que sea. Y prefieres perderla por nada, antes de enfrentarte a tu amada...

El miedo a la mujer hace a los hombres preferir matarla, matarse ellos mismos, o matarse entre sí, antes que ver la verdad reflejada en sus ojos.
Por eso la Muerte baila y bebe en cualquier mesa, la flaca de blanco...

 

Los escenarios


Repasemos algunos de los lugares claves en la mitología popular del corrido:

El rancho / la hacienda: “Allá tras de la montaña, donde temprano se oculta el sol....”
El campo es importante, no solo para la época ranchera, sino para el hombre actual, y la mujer, los de clase media, baja, y popular, en las ciudades. Todavía se identifican con el medio rural, y mantienen las relaciones e ideologías, o por lo menos la nostalgia de un tiempo que tal vez fue mejor.

la gallera, las carreras de caballos, los juegos de azar: allí donde los hombres se enfrentan. Donde sus apuestas aparentes, en el fondo tratan de la muerte y las mujeres, y más en el fondo, del afán de ganar y humillar al otro en público. Sucede lo mismo en la política....

Las fiestas son ocasión especial para la muerte y la violencia. Es donde se reúne la gente, donde está el público, donde hay que mostrarse, se juega el honor. También se concentran las relaciones de poder, las familias y sus historias, los amores y rencores. Para una fiesta la gente se prepara, a veces rumiando los sentimientos no expresados. Es donde se bebe, además. A Lucio Vásquez “Lo invitaron a unas copas, se hicieron de unas palabras” y lo mataron “como cuando a uno le toca”. Igual que Simón Blanco, igual que los hermanos, Juan Luis y Jose Manuel, igual que Rosita Alvirez. Cuidado con las fiestas!

La Cantina es un lugar muy central. Es donde van los hombres a olvidar las mujeres, aunque no pueden: “Pudiéramos morir en la cantina, y nunca lograriamos olvidarlas.....” (Mujeres Divinas). La cantina es un Espacio y un tiempo Ritualizado, preparado desde todo punto de vista – anímico, etílico, musical, compañías, la hora, expectativas – para desarrollar y expresar pasiones intensas, acordes con el sistema de valores individuales y sociales. Lo ilustra Tu recuerdo y yo: “Estoy en el rincón de una cantina, oyendo una canción que yo pedí: me están sirviendo orita mi tequila, ya va mi pensamiento rumbo a ti”

Es allí donde ocurre la transformación emocional que impele a la violencia, la inversión de  los sentimientos. La bebida, la cantina son como un laboratorio de alquimia negativa: para “convertir en odio todo el amor que sentía” (Tierra sin nadie)

Lo ilustra esta canción bien desesperada El albur de tu vida: el momento “cuando se quiebra el alma y quieres no haber nacido”. Juegas dos cartas al destino: define quién eres, o serás: Si te vas: mueres, o matas, llevando la ilusión hasta el final. Si te quedas, ya estás transformado, ya sabes lo que te espera: solo amores traicioneros y temporales.....

La transformación alcohólica en la cantina.
 “Cambié mis canicas por copas de vino” (Las Botas de charro)
“De mi mano sin fuerza cayó mi copa sin darme cuenta” (Ella)

Existe también el borracho positivo, que aunque pierda, brinda por lo hermoso de la vida. Se niega a pelear por la mujer que lo cambia: “No voy a matarme por nadie”. Pero reconoce la superioridad del código, la ética de venganza: “Tú me das un balazo, si quieres”. (Cantinero, que todo lo puedes)

Finalmente, en cualquier cantina, cuando opera la transformación del dolor,te está esperando con mucha confianza la Muerte (Yo quiero ser tu marido)

Las Cárceles son todas iguales: “Cuartos de cuatro paredes, donde encierran a los hombres por causa de las mujeres(Bartolinas de la cárcel). El hombre, preso por la mujer coqueta (Las rejas no matan)

 

Los Narco-corridos

Los “Corridos prohibidos” que cantan la gloria de los traficantes modernos, trasladan sus temas desde “el pueblo” a “las nuevas élites”. Proponen un nuevo modelo de éxito social a seguir, acumulando riqueza, dinero y poder, en una nueva guerra contra el Estado y los Estados Unidos. En condiciones de descomposición social y amplia pobreza, se vuelven nuevos modelos masculinos de género. Modelo de valiente: “tengo muchos melones porque me la he rifado. La suerte no llega sola, hay que arriesgarse, tirarse al ruedo, ponerse las pilas.” (El jefe de jefes, El Blofe, El Día que me muera).

La mentalidad de los traficantes trae consigo una idea instrumental y abusiva de las mujeres: no solo propiedad sentimental, sino objetos de consumo, signos de status y, en últimas, desechables (Cruz de Amapola). Se relacionan estas nuevas formas de violencia con las prácticas de femicidio?

 

Conclusiones

Cómo pasar de la casuística de las historias al análisis? Qué es lo que queremos demostrar con este estudio? Que la cultura popular es violenta? eso ya lo sabemos. En primer lugar tenemos que darnos cuenta hasta qué punto estamos acostumbrados a la violencia, la injusticia y la muerte. Que no nos extraña, que la pasamos por alto, que nos parece común.

Segundo, reconocer que existen códigos culturales y sociales alternativos, que sancionan, justifican, y aun obligan a acciones que infrinjen la ley penal. Hasta qué punto se debería esto tener en cuenta en la definición de los delitos, en la práctica sentencial, y la calidad de las penas, en la reparación a las víctimas, en la prevención, en la preparación de los jueces?

Antes de seguir: La cultura no excusa. Los códigos tradicionales de comportamiento, no son camisas de fuerzas ni imperativos culturales. El repertorio refleja también las contradicciones de los sentimientos humanos: ambiguos e inciertos. Ni valores, ni códigos; ni leyes ni religión son plenamente determinantes de los actos – ni exculpantes. Ni el honor, ni la vergüenza, el dolor, ni la venganza, la presión social, externa o internalizada: no obligan a la persona; no eximen de responsabilidad personal, como lo han analizado ya los filósofos existencialistas. Afortunadamente el hombre es capaz de decidir y elegir, aún cuando haya sido traicionado por una mujer (y al revés).

Pero los conceptos populares y tradicionales de justicia, existen y hay que conocerlos y aun saberlos valorar. Dentro del concepto de pluralismo jurídico, la interculturalidad o la multiculturalidad no es sólo lo indígena vs. lo ladino, sino también lo rural vs. lo urbano, lo tradicionalista vs. lo moderno. La cultura popular existe, y es funcional, la prueba es que está viva y vigente en Guatemala y en toda América Latina. También evoluciona, pero no como la clase media o alta quieran. La prueba está en los “corridos prohibidos”.

La Respuesta no está en simplemente hablar de “superar actitudes y mentalidades”, modificarlas con campañas educativas. Tampoco negar los valores positivos de la cultura popular, y aun de las rancheras: un sentimiento de identidad, unos códigos morales, la noción del pueblo vs. los usurpadores. Sí se debe pensar y hacer todo lo tendiente a elevar el valor de la vida humana. Valorizar los derechos mínimos del ser humano: el respeto, la integridad física.

Hay que investigar los procesos de la Presión social, las reglas de poder internalizadas como la “verguenza”, el “honor”, la “obligación”, lo “sagrado”. Analizar el fenómeno de la Violencia como única salida de la desesperación y sobre todo, la inseguridad. La transformación sentimental / emocional que impele a la violencia; la incapacidad de afrontar, enfrentar, nombrar situaciones: “para qué quiero vida sin honra” (Albur de amor).
Hay otras opciones de vida? Puede encontrarse honra, honorabilidad, en otros ámbitos positivos, fuera de la esfera de poseer mujeres y humillar otros hombres?

El problema no está en prohibir músicas ni limitar su difusión, o prohibir el alcohol. El alcohol está ritualizado socialmente, como un medio transitivo “permitido” y aceptable para saltar barreras de comportamiento. La justificación de “estar borracho” – en la cantina valen otras leyes...! Ante los rituales de la muerte, la alquimia de las cantinas: El culpable no es el alcohol en sí, ni la existencia de cantinas populares.

Lo importante es crear rituales alternativos, y positivos. Espacios de reconocimiento; estrategias de comunicación social para valorizar la vida, sobre todo en las edades y grupos donde más se la quitan: los jóvenes.

 

 

Indice de textos citados

A: Casos de sangre

 

B: Mujeres y hombres:

Modelos, Papeles y valores de género

 

Tierra sin Nombre

Sonaron cuatro balazos

El tahur

Por un vestido de novia

La muerte de un gallero

La muerte de Lucio Vásquez

El Coyote

Juan Charrasqueado

Gabino Barrera

Martina

Rosita Alvírez

Los dos hermanos

Caballo de patas blancas

Dos generales

Las Rejas no matan

La hija del Penal

Escalones de la cárcel

La cárcel de Sing Sing

El preso No. 9

Veinte años

Simón Blanco

Arnulfo y El rural

Llegó borracho el borracho

El Arracadas

La hija del gallero

La hija de nadie

Contrabando y traición

 

El Rey

El hijo del pueblo

Las botas de charro

Un puño de tierra

De Altamira a Tamaulipas

El Siete de Copas

Camino de Guanajuato

María la Bandida

El día que me muera

El jefe de jefes

El blofe

Cruz de amapola

Mujeres divinas

Mi destino fue quererte

Se acabó, ya no vale la pena

Los Laureles

La ley del monte

Las deudas ajenas

Albur de amor

Amigo de qué

Ella

Tu recuerdo y yo

Cantinero

Yo quiero ser tu marido (Bebiendo con la Muerte)

El Norteño

El albur de tu vida